Si un pastor pierde 97 ovejas…

 

La humanidad transcurrió en 2021 un segundo año difícil. La pandemia es un hecho que casi nadie tenía previsto y sobre el que hubo que improvisar en cómo afrontarlo. Tampoco la Iglesia, ni CHARIS, sirviendo a la RCC, lo imaginaba.

Concretamente, la iglesia, la Comunidad, el grupo que dejamos en 2019, no será el mismo que encontraremos en 2022.

Durante muchos meses permanecieron cerrados los lugares donde se podían reunir públicamente y las reuniones en las iglesias fueron una de las actividades más afectadas. Es un verdadero desafío mantener las relaciones de la comunidad a lo largo de tanto tiempo sin reuniones presenciales. Sobre todo, en nuestra corriente de gracia, dónde los vínculos, el contacto físico, la cercanía y el gozo de la celebración comunitaria, forman parte central de nuestras reuniones.

Para quienes tienen acceso a internet, fue este el medio por el cual las comunidades que  querían orar siguieron funcionando. Los informes nos dicen que, en esos casos, la mayoría de los grupos prevalecieron. También, por la facilidad de las redes virtuales, les fue posible a los miembros de los grupos, participar de otros, inclusive en otra diócesis o en otro país.

Algunos grupos se suspendieron o dejaron de existir o algunas personas dejaron de acudir al grupo -transformado en virtual- o dejaron de ir a la Iglesia, en general. Muchas personas abandonaron la fe. Otras emprendieron una espiritualidad autodidacta guiada por sus propias necesidades, tomando elementos de un lado y de otro. Sin embargo, la mayoría de la gente sigue siendo creyente, pero sin la presencia de la comunidad esa creencia puede desorientarse y terminar perdida.

La comunidad contiene, sostiene, sana, ayuda, guía y es el lugar que Dios diseñó para la vida más plena de todas las personas.

En muchas situaciones, la iglesia se parece a una gran estación de trenes que quedó a varios kilómetros de las vías. ¿Será que la estación se alejó de las vías, las vías de la estación o un poco de ambas cosas? En cualquier situación, necesitamos acercar la Iglesia a las vías, a la vida, ahí donde la gente está y cómo está.

En general, en los países occidentales, sólo el 3% de quienes se dicen cristianos asisten regularmente a la Iglesia. Es como si la parábola de Jesús, adaptada a hoy, dijera: si uno de ustedes tiene 100 ovejas y se les pierden 97, ¿no deja esas 3 y va en busca de las otras 97?. ¿Suena fuerte, cierto?

Tenemos que ir hacia esas personas que están buscando a Dios o que ignoran cuánto lo necesitan. Tiene mayor sentido ahora la insistencia del Papa Francisco sobre la “Iglesia en salida”.

El trabajo es enorme y la necesidad del mundo de recibir el Anuncio que trae la esperanza al mundo, también. El Papa Francisco, nos viene preparando desde hace años para esta epopeya con su insistente “compartan con todos en la Iglesia la riqueza  del bautismo en el Espíritu Santo”.

Lo que Dios hizo con nosotros dándonos el bautismo en el Espíritu Santo no es para que lo guardemos sino para que lo compartamos y transforme el cansancio en fuerza y la desesperanza en fe.

CHARIS ha puesto toda su energía este año en preparar una serie de servicios que asista en las necesidades que tienen todas las expresiones en el mundo.

 

 

Pino Scafuro

Moderador de CHARIS 

 

 

 

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