Querido santo padre:

Gracias por recibirnos en esta vigilia de Pentecostés en este lugar, para orar al Espíritu Santo con usted y abrir nuestros oídos a sus palabras sobre el caminar de la Renovación Carismática Católica al servicio de la Iglesia universal.

Hace cuatro años, en junio de 2015, usted escribió a los presidentes de ICCRS y de la Fraternidad Católica solicitando que trabajasen para constituir un único servicio para la corriente de gracia de la Renovación Carismática Católica. Después de cuatro años de trabajo con las personas que usted mismo designó y con el acompañamiento del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, es una alegría para mí anunciar que, junto con el Servicio Internacional de Comunión, estamos listos para asumir la tarea que nos confió, apoyados por toda la Renovación Carismática mundial.

Después de su elección a la cátedra de san Pedro, ha tenido varias oportunidades de dirigirse a la corriente de gracia de la Renovación Carismática. Acogemos cuidadosamente las orientaciones de sus varias intervenciones. Entendemos que, como el cadenal Suenens, usted también considera a la Renovación Carismática como una corriente de gracia en la Iglesia. El cardenal Suenens estaba convencido de que la Renovación Carismática era una corriente de gracia para toda la Iglesia, una corriente de gracia llamada a transformar a toda la Iglesa. Es a la luz de esta imagen de corriente de gracia que comprendimos su petición de difundir ampliamente el bautismo en el Espíritu Santo. Tonos nosotros aquí presentes nos comprometemos a trabajar en esa dirección y, al mismo tiempo, le pedimos su ayuda para abrir más aún las puertas de la Iglesia a esta corriente de gracia. Usted dio testimonio de que al principio consideraba la Renovación Carismática una escuela de samba y que en aquella época no estaba muy abierto a lo que esta podría traer a la Iglesia. Esa resistencia que usted mismo experimentó aún existe en ciertas partes de nuestra Iglesia. ¿Qué consejo nos puede dar para realizar la misión que nos confió?

También oímos su invitación a que regresemos a las fuentes de alabanza y adoración, para estar activos en la evangelización y en el servicio a los pobres. Observamos de la misma manera su llamado a la humildad de los que son responsables. Como usted dijo claramente, nadie es indispensable. No somos más que siervos. Es en este espíritu, su santidad, que, yo mismo y todos los miembros del Servicio Internacional de Comunión aquí presentes, aceptamos la tarea que nos fue confiada en la animación de Charis.

Además, queremos ponernos al servicio de la comunicón.

La comunión concierne ante todo a las diferentes realidades de la Renovación Carismática Católica. Pero la coumunión concierne también a la unidad de los cristianos. Nos recordó que la Renovación Carismática es ecuménica por naturaleza y nos alentó a un ecumenismo espiritual: orar juntos y anunciar juntos que Jesús es el Señor y unirnos para ayudar a los pobres, en todas sus formas de pobreza. Tenemos entre nosotros una pequeña delegación de cristianos no católicos que son en medio de nosotros un signo de nuestro deseo de poner sus palabras en práctica.

Oyendo sus palabras, entindemos que el gran desafío de la Renovación Carismática es el de la evangelización. Nos comprometemos, santo padre, a servir a la Iglesia en misión, en comunión con nuestros hermanos cristianos no católicos y manifestando el amor de Dios preferente por los pobres.

Por último, santo padre, deseamos asegurarle nuestras fervientes oraciones por su ministerio. Con usted, queremos pedir un nuevo Pentecostés para la Iglesia. Lanzamos una campaña de oración de tres meses para una nueva efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia y el mundo. En este día, queremos orar con usted por esta intención: ven, Espíritu Santo; ven, padre de los pobres; ven, consolador magnífico; renueva tus maravillas en nuestros días como un nuevo Pentecostés.

En nombre de toda la asamblea: gracias de todo corazón, santo padre.