Celebrando 11 años desde la elección del cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como Papa Francisco. Muchas cosas sucedieron en el mundo ese día, pero para muchos también será recordado por siempre como un día crucial para la Iglesia universal: del fin del mundo a Roma, un Papa que emergió de las entrañas de Latinoamérica.

Compartiremos el testimonio de Pino Scafuro, argentino y actual moderador de CHARIS, publicado por ADN Celam.

 

Un poco de historia

Argentina. En los años 70, en los inicios de la Renovación Carismática Católica (RCC), como provincial de los jesuitas, el padre Bergoglio tuvo que poner fuertes límites a una corriente espiritual que era bastante desconocida y desconcertante para muchos. Así que comenzó un poco ríspida esa relación.

Sin embargo, con el tiempo la relación entre la RCC y quien sería nuestro Cardenal en Buenos Aires fue creciendo en comprensión. Compartía nuestros encuentros, nos acompañaba en nuestros apostolados y en notables e inolvidables eventos ecuménicos.

Al final de su período de arzobispo de Buenos Aires se convirtió en asistente episcopal de la RCC. Cargo que prácticamente no llegó a desarrollar, porque a las pocas semanas, a fines de febrero del 2013, viajó a Roma… y hasta ahora no volvió a Buenos Aires.

 

Trabajando juntos con el cardenal Bergoglio

Como coordinador de la Renovación Carismática Católica de Buenos Aires, me tocó trabajar junto al arzobispo de entonces, el Cardenal Jorge Bergoglio.

Organizábamos unas misas multitudinarias, que él presidía. Al final, toda la gente se agolpaba al pie del altar porque quería su bendición y saludarlo. Era una situación bastante difícil y ciertamente, el cardenal, corría riesgo de ser volteado al suelo. Yo, que estaba a su lado para protegerlo un poco de los empujones, le digo: “Por favor, suba un escalón para evitar que lo lleven por delante” y él me respondió: “De arriba, no. A la misma altura de la gente”.

 

Bergoglio Papa: como uno más

Una vez elegido Papa, rápidamente mostró su cercanía con las personas, aunque claro, en el papamóvil es imposible conservar la altura del suelo. Sin embargo, cada vez que podía se bajaba y saludaba a la gente “a la altura de los ojos”.

El tiempo fue produciendo cambios. Ahora, muchas veces, mansamente, se deja llevar en una silla de ruedas y levanta su vista para encontrar, decidido, la mirada de a quién se dirige.

Esta misma actitud de estar cerca, se repetía en otras situaciones. Por ejemplo, en la elección de las sillas en un encuentro o charla. Aquí, siempre elegía —y hasta a veces la reservaba— la más sencilla.

Como Papa viajó a Corea del Sur en 2014. Visitó las asombrosas instalaciones hospitalarias para pobres de la comunidad Kkottongnae. Allí estaba yo y vi cómo solicitó que la silla asignada para él fuera igual a la de los médicos, enfermeros y enfermos a quienes dirigiría su palabra.

En el Encuentro Internacional de Sacerdotes en San Giovanni Laterano fui testigo cuando pidió que su lugar de predicación estuviera a la misma altura de los sacerdotes y no sobre el altar.

Y hasta lo hemos visto el año pasado en el Sínodo de la Sinodalidad compartiendo una mesa de trabajo como cualquier otro participante. Esas mesas en redondo que nos enseñaron tanto de cómo vivir la Iglesia.

En Buenos Aires se manejaba en transporte público, cosa que no podría seguir haciendo como Papa, pero entonces en Roma eligió un auto usado y sencillo y cada vez que va de visita a un país pide que se lo transporte en un auto que un empleado medio pueda comprar en esa nación.

Este es un pontífice que no quiere dejar de tener olor a oveja. Un olor que sólo es posible tener si se está cerca de ellas.

“El estilo de Dios es la cercanía, la compasión y la ternura. Esto es lo que Dios ha hecho siempre. Si no acudimos a esta Iglesia de proximidad con actitudes de compasión y ternura, no seremos la Iglesia del Señor.” (Papa Francisco, octubre 2021, apertura Sínodo de la Sinodalidad)

Pero está claro para él que no sólo de acciones y gestos físicos está constituida la vida del cristiano y nos dijo en el Aula Paolo VI: “La respiración está constituida por dos fases: inspirar, es decir, introducir aire, y espirar, dejarlo salir. La vida espiritual se alimenta, se nutre de la oración y se manifiesta en la misión: inspiración, la oración y espiración, misión. Cuando inspiramos, en la oración, recibimos el aire nuevo del Espíritu, y, al espirarlo, anunciamos a Jesucristo, suscitado por el mismo Espíritu. Nadie puede vivir sin respirar”.

 

© Vatican Media

 

Sínodo como modo de vivir la Iglesia

Desde 2015 me tocó servir a la Iglesia en organizaciones que coordinan la corriente de gracia de la Renovación Carismática en el ámbito internacional. Por esa razón tuve oportunidad de trabajar y hablar algunas veces con él. A 11 años del inicio de su pontificado, lo sigo viendo con preocupación por el estado del mundo —como sociedad y como planeta—, atento a la necesidad de la unidad de los cristianos y consciente de lo imperioso de atender a los pobres materiales y espirituales.

El impulso al sínodo es otra muestra de su preferencia de caminar todos juntos ya que el caminar juntos se convierte en un fin y nos saca de la parálisis. Y nos marca que somos más Iglesia cuando en el camino vamos integrando a los que están a la vera: las mujeres que lloran, los hombres cansados de trabajar, los jóvenes que buscan sentido a sus vidas, los viejos que no quieren ser parte del descarte, los pobres que se sienten irrelevantes. “Sínodo es el modo de ser Iglesia.” Lo veo perfectamente pleno en sus funciones, decidido a que las instancias del sínodo no queden en documentos sino acciones donde los valores del Evangelio cambien al mundo.

 

Mirando al 2033: bimilenario de la resurrección de Jesús

El año pasado nos impulsó a trabajar en la 2033Agenda, una iniciativa en prospectiva al bimilenario de la Resurrección de Jesús. Que el 2033 sea distinto y más parecido a lo que Jesús sueña depende de las decisiones que empecemos a tomar ya. “¿Qué podrías hacer a partir de mañana? Lo pensaste?”

Gracias, querido Papa Francisco, por tu empuje y enseñanzas. Rezamos por vos.

 

 

Fuente: adn.celam.org

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