Preguntas y respuestas 

Comisión Doctrinal – International Catholic Charismatic Renewal Services

Anno 2010

 
 

¿Qué es descansar en el Espíritu? ¿Debería ser un motivo de preocupación para los servidores de la Renovación? A este respecto comparto mi propia experiencia como servidor en la Renovación, y mi reflexión como teólogo. Estos comentarios son de aplicación para todos los fenómenos raros, de los cuales descansar en el Espíritu es uno de más comunes.

Mi experiencia (y la de muchos otros) es que cuando oramos en fe para recibir más profundamente el Espíritu Santo, cosas profundas pueden empezar a suceder a las personas, que se pueden manifestar con risa, llanto o gemidos. Éstas son respuestas humanas naturales a la presencia y gracia desbordante del Espíritu Santo. A lo largo de los años he aprendido que existen a menudo heridas profundas en las personas, incluso en aquellas que externamente parecen ser católicos excelentes y maduros. Recuerdo cómo un servidor organizador de una asamblea comenzó a llorar; poco a poco fue saliendo que este servidor había sufrido abusos graves en su infancia. Este recuerdo doloroso había estado suprimido durante muchos años. Hoy cada vez más personas proceden de hogares con poca o ninguna experiencia de padres amorosos. Algunos han aprendido a enfrentarse a la vida y otros no. Estos últimos están obviamente heridos, pero los primeros pueden parecer normales y equilibrados. Pero cuando oramos para que suceda la obra profunda del Espíritu Santo, estas cosas empiezan a salir a la superficie. A mi juicio, ésta es una buena manera de entender los beneficios del descanso en el Espíritu. El descanso en el Espíritu sucede cuando las personas por las que se ora ya no pueden permanecer de pie o sentados, y se caen al suelo y descansan sobre su espalda. En la mayoría de los casos, descansar en el Espíritu es muy pacífico.

Cuando algo fuera de lo normal empieza a suceder, la pregunta clave no es lo raro que es, la pregunta es qué está sucediendo espiritualmente en la persona. A menudo las cosas más raras suceden cuando estamos orando por una mayor apertura al Espíritu Santo y para que el Espíritu Santo obre una sanación y una santificación profundas en la vida de la persona. Si le pedimos con sinceridad al Padre que envíe su Espíritu, deberíamos creer que esto es lo que nos va a dar. “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” (Lucas 11, 11–13).

¿Cómo deberían los servidores tratar el tema del descanso en el Espíritu y otros fenómenos poco comunes? La necesidad más importante es la de un liderazgo sabio y maduro, junto con una doctrina sólida que es tanto bíblica como fiel a la tradición secular de la Iglesia. Cuando estos dos elementos están presentes, no hay nada que temer de los fenómenos insólitos. ¿Por qué? Primero, los servidores sabios reconocerán rápidamente cualquier cosa que no sea correcta. Detectarán cuando las personas no están centradas en el Señor y hay algo equivocado en su motivación y actitud (por ejemplo, centrarse en lo muy emocional). Segundo, los servidores maduros proporcionarán una doctrina sólida, que ayuda a asegurar que cuando las personas se acercan a pedir oración están buscando una unión más

profunda con Dios y una mayor sumisión al Señorío de Jesús. Existe una estrecha conexión entre lo que se enseña y lo que se busca, entre enseñanza y la subsiguiente (posterior) experiencia.

Donde una persona tiene heridas profundas, pueden suceder cosas que pueden ser perturbadoras para otros, i.e. temblores; en este caso, los servidores con mucha calma deberían llevar a la persona a un lugar separado donde la oración pueda continuar sin perturbar a la asamblea. El hecho de que el efecto inmediato de la oración no sea pacífico no es un signo negativo; el dolor y el daño emocional están saliendo a la superficie. Pero una oración así debería entonces conducir a la paz mientras el Señor sana profundos lugares dentro de la persona.

¿Cuáles podrían ser los peligros de este descanso? ¿Cuáles podrían ser los beneficios? Un peligro es que las personas pueden venir a pedir oración buscando una experiencia más que buscando al Señor. La respuesta a esto es una buena doctrina que enfatiza el buscar al Señor y no experiencias particulares. El beneficio potencial es que las personas pueden recibir la sanación de heridas ocultas desde hace mucho tiempo; otros reciben experiencias profundas del amor y la misericordia del Señor. Recuerdo a un hombre que fue llevado por toda la Pasión del Señor mientras descansaba en el Espíritu.

Con respecto al “descanso”, mi opinión es que en casos auténticos es una manera de rendirse, como si la persona dijera; “Te lo entrego, Señor”, me libero de lo que mantiene al Señor a una distancia prudencial. “El descanso” es sólo un medio para conseguir un fin y no es importante en sí mismo. Lo importante es la rendición, pues estamos permitiendo que el Espíritu Santo obre en niveles más allá de nuestro control consciente. ¿Cómo sabemos que no nos estamos abriendo a fuerzas extrañas? El contexto marca toda la diferencia: cuando el contexto es de alabanza auténtica al Señor, con fe auténtica en su bondad y gracia, entonces el Padre no nos dará una piedra.

Caerse y levantarse después de un minuto no es un ejercicio provechoso. Éste es el problema más común que veo: las personas piensan que caerse es la clave, de modo que ponen el énfasis en el lugar equivocado. La terminología del tipo “caído en el Espíritu” debería evitarse. Pone el énfasis en el fenómeno de caer e introduce una imagen violenta que no es adecuada.

¿Por qué está sucediendo todo esto hoy? Quizá porque vivimos en una sociedad cada vez más ruidosa y frenética, donde las personas tienen poco tiempo para reflexionar, relajarse y simplemente estar. Esto puede explicar porqué las personas pueden necesitar cesar toda actividad, cesar toda tensión y simplemente dejarse llevar y rendirse a la obra del Espíritu.