Preguntas y respuestas 

Comisión Doctrinal – International Catholic Charismatic Renewal Services

Anno 2010

 
 

Para responder a esta pregunta, veamos primero lo que se quiere decir con Bautismo en el Espíritu. Entendido de un modo general en la Renovación Carismática, el Bautismo en el Espíritu se refiere a una experiencia vivificante de la realidad y presencia del Señor Jesús resucitado, y del Espíritu Santo y sus dones. No es un sacramento en sí mismo sino un reavivamiento de las gracias fundamentales de los sacramentos del bautismo y la confirmación. Posibilita que el poder y la eficacia de estos sacramentos se realicen de una nueva manera, resultando en una nueva autoridad para el servicio y la evangelización.

Muchos en la Renovación Carismática Católica están convencidos que esta gracia es para cada miembro de la Iglesia. Otros dudan ante tal reclamación, señalando que la RCC es sólo uno de los muchos movimientos eclesiales nuevos en la Iglesia, cada uno teniendo sus propios carismas distintivos. De hecho, se expresan verdades importantes en ambas posturas.

Por una parte, el Bautismo en el Espíritu es desde luego una gracia destinada a cada cristiano bautizado. Una de las afirmaciones más fuertes de la universalidad de este don fue hecha por el Papa Benedicto XVI en el Regina Caeli del domingo de Pentecostés de 2008, cuando dijo, “Hoy quisiera extender esta invitación a todos: redescubramos, queridos hermanos y hermanas, la belleza de haber sido bautizados en el Espíritu Santo; volvamos a tomar conciencia de nuestro Bautismo y de nuestra Confirmación, manantiales de gracia siempre actual. Pidamos a la Virgen María que obtenga también hoy para la Iglesia un renovado Pentecostés, que infunda en todos, de modo especial en los jóvenes, la alegría de vivir y testimoniar el Evangelio”. El Santo Padre explicó que la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés fue “como coronamiento de toda la misión de Jesús”, el don que quiso darnos por su muerte y resurrección. En otra ocasión, el Papa afirmó que “Toda la misión de Cristo se resume en esto: bautizarnos en el Espíritu Santo, para librarnos de la esclavitud de la muerte y “abrirnos el cielo”. 1 Desde luego no se puede asumir que el Papa Benedicto estuviera utilizando la frase bíblica “Bautizar en el Espíritu Santo” exactamente de la misma manera como la utiliza la Renovación Carismática hoy. Pero claramente está llamando a una renovación de las gracias del bautismo y la confirmación de una manera que se vincula directamente con la efusión del Espíritu en Pentecostés. Más aún, es plenamente consciente de la utilización de este término en la Renovación, para la gracia que ha transformado las vidas de tantos millones de cristianos.

Así la RCC, es en cierto sentido, la portadora de una gracia que pertenece a toda la Iglesia y está dirigida a la renovación de toda la Iglesia. Sin embargo, al mismo tiempo debe reconocerse que la RCC es también un movimiento específico en la Iglesia con su propia y distintiva espiritualidad, estructuras, maneras de orar y patrones de vida cristiana. Dios hizo surgir la RCC para atesorar y amparar la gracia del Bautismo en el Espíritu de un modo particular, pero no es la única manera de responder a esta gracia. En su exhortación apostólica Christifideles Laici, el Papa Juan Pablo II exhorta a los fieles a apreciar los diversos carismas expresados en los distintos movimientos eclesiales: “Todos, Pastores y fieles, estamos obligados a favorecer y alimentar continuamente vínculos y relaciones fraternas de estima, cordialidad y colaboración entre las diversas formas asociativas de los laicos. Solamente así las riquezas de los dones y carismas que el Señor nos ofrece puede dar su fecunda y armónica contribución a la edificación de la casa común” (31).

Esta doble realidad también se puede aplicar a carismas particulares que se ejercen en la Renovación. Por ejemplo, ¿son la profecía y la sanación para toda la Iglesia? En el sentido de que son talentos básicos de la Iglesia, la respuesta es sí; pertenecieron al ministerio de Jesús y fueron parte de lo que transmitió a toda la Iglesia a través de los Doce (ver Mt 10, 7-8; Mc 16, 15-18; 1Co 14, 1). Sin embargo, las formas particulares que estos dones adquieren en diversos momentos y lugares no pueden hacerse preceptivas para cualquier persona o grupo. Las formas para el ejercicio de estos carismas que se encuentran en la RCC son expresiones particulares que no deberían verse como la norma para todos.

A veces los servidores en la RCC afirman que nuestra meta debería ser desaparecer dentro de la Iglesia, al irse renovando toda la Iglesia. Este es un objetivo loable, pero al mismo tiempo debe tenerse en mente que el objetivo de renovar la Iglesia no se cumplirá totalmente hasta que Cristo venga en Gloria. Como movimiento dentro de la Iglesia, la RCC está llamada a vivir la gracia del Bautismo en el Espíritu con una intensidad especial de modo que podamos ser levadura constante dentro de todo el cuerpo de Cristo mientras camina a lo largo de la historia.