Preguntas y respuestas 

Comisión Doctrinal – International Catholic Charismatic Renewal Services

Anno 2010

 
 

En muchas partes de la Iglesia Católica, quizá especialmente en la Renovación Carismática, existe una cierta tensión sobre el tema de la unidad cristiana. La tentación de los que tienen mentalidad ecuménica es prestar menos atención a María, y para los más marianos prestar poca atención a la unidad cristiana. La razón por la cual este tema puede ser más serio en la Renovación, es que el Señor nos ha bendecido a todos con la misma efusión del Espíritu Santo, y nos ha traído a todos al mismo movimiento. Con otros movimientos eclesiales es más fácil optar por un movimiento más mariano o por uno que es más ecuménico.

Primero, tanto María como el ecumenismo son una parte integral de la vida y la fe católicas. No tenemos derecho a elegir entre ellos. La devoción a María pertenece al corazón de la fe católica. Con respecto a la unidad, Juan Pablo II escribió en 1995: “el ecumenismo, el movimiento a favor de la unidad de los cristianos, no es sólo un mero « apéndice », que se añade a la actividad tradicional de la Iglesia. Al contrario, pertenece orgánicamente a su vida y a su acción y debe, en consecuencia, inspirarlas y ser como el fruto de un árbol que, sano y lozano, crece hasta alcanzar su pleno desarrollo.” (Ut Unum Sint, par. 20).

 

Relaciones con cristianos protestantes

A menudo en la Renovación Carismática existe fraternidad y oración con otros cristianos que han sido bautizados en el Espíritu. En algunos lugares existen grupos de oración inter-confesionales regulares, e incluso unas cuantas comunidades ecuménicas. Pero en la mayoría de los lugares los encuentros son más ocasionales. ¿Cómo deberíamos enfocar tales contactos?

En primer lugar, los encuentros que se planean como inter-confesionales, sean regulares u ocasionales, tienen que estar basados en lo que se comparte en Cristo, reconociendo que lo que compartimos los cristianos es más fundamental que lo que nos separa (ver Ut Unum Sint, par. 22). En estos encuentros no puede haber oraciones directas a María, pero es posible rezar juntos el himno de María, el Magníficat. Esta limitación no debería verse como un problema, cuando los otros cristianos respetan la fe de los católicos. Pero los católicos necesitan expresar su devoción a María así como su compromiso a la unidad cristiana. De modo que los católicos que asisten a encuentros inter-confesionales también necesitan reunirse como católicos donde exista la libertad de honrar a María y a los santos, lo mismo que necesitan reunirse para la Eucaristía. Así que es normal que en los encuentros católicos a los que pueden venir otros cristianos como invitados exista la total libertad de expresar todos los aspectos de la fe católica incluyendo nuestra devoción a María.

En segundo lugar, necesitamos orar y trabajar de modo que la cuestión de María no sea algo que cause un rechazo total. Nuestras primeras reuniones con otros cristianos no son el mejor momento para dirimir tales diferencias importantes. Primero necesitan conocernos como hermanos cristianos. La discusión teológica no es nunca el mejor lugar para comenzar cuando queremos construir la fraternidad. Comenzamos por llegar a conocernos unos a otros, a aceptarnos unos a otros como hermanos cristianos y a desarrollar la confianza. En este momento es posible hablar de María y lo que ella significa para los católicos. Cuando las relaciones se desarrollan de una manera sana, los protestantes a menudo preguntarán sobre María, quizá más perplejos que llenos de objeciones. Al surgir esta cuestión, necesitamos la luz y sabiduría del Espíritu Santo para que las respuestas que damos les ayuden realmente. Necesitamos conocer la doctrina auténtica de la lglesia Católica sobre María, ver capítulo 8 de la Constitución sobre la Iglesia del Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, par. 484–511, 963–975.

 

La Renovación de la Iglesia

El marco adecuado para enfocar los temas de María y el ecumenismo es todo el programa de renovación de la Iglesia lanzado por el Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano Segundo. Los dos temas son muy distintos. La veneración de María es una tradición antigua en la Iglesia, que como todos los demás aspectos de la vida de la Iglesia, necesitaba renovación. El tema de la unidad cristiana era un tema nuevo, nunca antes tratado en un Concilio de la Iglesia. Por esta razón, la encíclica Ut Unum Sint va más allá del Decreto sobre el Ecumenismo del Concilio, porque está basado en treinta años de experiencia del compromiso ecuménico de la Iglesia. No obstante, el decreto conciliar estableció los principios básicos que todavía son válidos.

Por la renovación de la veneración de María de la Iglesia, el Concilio hizo dos contribuciones importantes que son vitales para el ecumenismo. La primera fue presentar a María en el contexto de toda la Iglesia, entendiendo su papel de Virgen y Madre en relación con todos los aspectos del Cuerpo de Cristo. El segundo fue enraizar la devoción a María más firmemente en las Escrituras. Si los protestantes se tienen que abrir al papel de María en la historia de la salvación, sólo sucederá a través de un enfoque rigurosamente bíblico. De gran ayuda aquí es el libro Hija de Sión del Cardenal Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI. Una vez, se dio este libro a un pastor protestante, que más tarde comentó que nunca se había dado cuenta de que estas cosas estaban en la Biblia.

 

 

 

 

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