Estoy aquí esta mañana con un sentimiento de expectación. Se acabó la espera y estoy participando con alegría en el lanzamiento oficial de CHARIS, el instrumento ideado por el Papa Francisco para renovar y acompañar – estoy utilizando sus palabras – a “la corriente de gracia” que es la Renovación Carismática Católica. Doy las gracias al Moderador de CHARIS, Jean-Luc Moens (a quien le deseo todo lo mejor para su nuevo trabajo) por la invitación y por concederme el privilegio de colaborar en esta empresa.

Desde luego no se me escapa el significado de esta invitación, que va más allá de mi persona. Me parece evidente la voluntad del Papa Francisco de reconocer la contribución Pentecostal de los inicios, de recuperar y subrayar la vocación ecuménica en la naturaleza y en la raíz de la Renovación Carismática Católica, y ponerla entre las prioridades en los objetivos y en la agenda de CHARIS.

El proceso comenzado con el Vaticano II, a pesar de los desacuerdos y las interrupciones, ha progresado con éxito, con la reciente añadidura – fruto de la sensibilidad y de la clarividencia del Papa Francisco – de pedir perdón a los pentecostales italianos, y de la apertura sorprendente y “revolucionaria” hacia el mundo pentecostal. Con el resultado, ya experimentado, de nuevas aperturas y respuestas inesperadas. Tengo testimonios personales.

Mientras tanto, se ha vuelto cada vez más clara la percepción, más explícitamente la verbalización, de que el camino de la unidad no tenga como meta una de las confesiones cristianas, incluida la Iglesia de Roma, sino a Cristo mismo y a la Esposa, la única, con la que a su regreso Cristo el Señor se casará. Y serán las bodas del Cordero finales.

 

El sueño de Dios

Personalmente estoy aquí como un enamorado y testigo de ese sueño… el sueño que Dios ha soñado antes de la fundación del mundo… El sueño por el que, amándolas, desea habitar en sus criaturas y – comenzando desde la Iglesia – desea que a su vez ellas se amen.

 

El misterio de la comunión

De hecho el misterio de Dios es un misterio de comunión. Comunión en sí y deseo de comunión. Parafraseando el inicio del prólogo del Evangelio de San Juan, podríamos decir: “En el principio era la comunión, y la comunión estaba con Dios y la comunión era Dios. Todo se hizo por ella, y sin ella no se hizo nada de cuanto existe”. Es decir: (1) El misterio primigenio y fundante de la comunión es Dios. Dios es amor. (2) El otro, que procede del primero, es aquel de la comunión que desea Dios. El deseo de comunión que es Dios.

 

El evangelio del deseo

Este Dios ha deseado desde siempre emigrar con su “movimiento interno de amor” al interior del hombre. Desde siempre venir a habitar. Amor y deseo de amor. Habitar en el corazón del hombre, experimentar al hombre desde dentro, trasladarse allí, en unión espiritual vivir allí y disfrutar allí de la unidad. Y ha descendido el Amor del Padre. El Espíritu Santo nos lo ha traído. Así está escrito: “el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Romanos 5, 5).

 

Unidad de creyentes cristianos – Cristo y el Cuerpo de Cristo

De la misma manera, fundado sobre el misterio de la comunión con el Señor (que no coincide necesariamente con la confesional) el misterio de la comunión que es la unidad de los cristianos. Fue Benedicto XVI el que dijo: “Fue un error de la edad confesional haber visto mayormente aquello que nos separa, y no haber percibido en modo esencial lo que tenemos en común…” (Erfurt). Pienso en particular en el misterio por el que, inmersos en Cristo (arrepentimiento, fe y bautismo) somos también injertados en el Cuerpo de Cristo. El Espíritu viene a habitar en nosotros y nuestro cuerpo se vuelve templo del Espíritu Santo.

 

Unidad con Dios

Por lo tanto la unidad, la del cristiano con Cristo y con la Trinidad, de Cristo con el Cuerpo de Cristo, por consiguiente con todos los cristianos, y del cristiano con los otros cristianos, tiene como fuente la misma unidad: la comunión que, una vez “en Cristo”, nos precede y es una realidad. Y la realidad es más importante que nuestras ideas sobre esa realidad (Papa Francisco). La verdad es que estamos “inmersos” en la misma realidad. Estamos “en Cristo” (y Cristo está en nosotros) y estamos con él en relación con la Trinidad. Por esto somos iglesia. Nos pertenecemos los unos a los otros. Pertenecemos a la misma “realidad”. Sobre el fundamento de la unidad de Dios, de la unidad entre Cristo y el Cuerpo de Cristo, sobre el fundamento de la Trinidad, pertenecemos a la misma realidad.

Como ha dicho el Padre Raniero Cantalamessa: “La medida de pertenencia a la Iglesia está dado fundamentalmente… por el Espíritu Santo que uno tiene o no tiene, y no por los vínculos meramente jurídicos e institucionales. Entre la pertenencia meramente visible a la Iglesia y una pertenencia espiritual, existe la misma diferencia que en los sacramentos… entre el que recibe el signo visible… y el que recibe en cambio también la gracia invisible contenida en ellos… Aquí está el motivo de nuestra comunión ecuménica con todos los verdaderos creyentes en Cristo, incluso los de fuera de nuestra iglesia. Es por lo tanto una comunión entre todos los cristianos que no es sólo in votis, esto es en el deseo y en el futuro, sino ya presente y efectiva”.

Y Serafín de Sarov dice que el fin auténtico de la vida cristiana es conseguir el Espíritu Santo… poseer y ser poseído por el Espíritu Santo. Que tener el Espíritu Santo en la profundidad del corazón es la vida cristiana; tener comunión con él en lo profundo del corazón es ser santo.

Por lo tanto, si esto es verdad, de manera misteriosa – porque es invisible – pero no por esto menos real, si tenemos el Espíritu, tenemos a Cristo, tenemos la Trinidad. ¡Así que somos cristianos! Formamos parte, por lo tanto, del cuerpo de Cristo. Somos iglesia. Porque quien tiene a Cristo tiene a la iglesia. Quien es de Cristo, es de la Trinidad, es de la iglesia. Es el misterio del vínculo profundo e inseparable de Cristo y de la Trinidad con la iglesia. Y de la iglesia con Cristo y con la Trinidad. Cristo y el cuerpo de Cristo: “oùtos ò Christòs”, “esto es Cristo”. Precisamente: “Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo… Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. – (1Corintios 12, 13).

 

El ADN del movimiento pentecostal

Por esto sigo pensando que el movimiento del Espíritu, conocido como de Pentecostés, en las dos vertientes, la católica y la pentecostal, tiene en su ADN histórico y espiritual la misma vocación a la unidad. Y no habrá terminado de dar toda su contribución al propósito de Dios para su existencia hasta que no se haya incendiado de amor por la unidad, no sea transformado en un movimiento consciente de su vocación a la unidad. Porque ha nacido del Espíritu, tiene sus raíces en la misma manifestación, la del inicio del siglo XX – recuerdo al cardenal Suenens – la pentecostal. A veces la lluvia que pedimos, y de la que tenemos necesidad, comienza a caer el jardín de la familia que vive al lado.Y de todas maneras, siempre el objetivo de cada Pentecostés, siempre, y no puede ser más que vida y paz. Vida de resurrección y reconciliación. Vida sobrenatural y paz. Como en el Pentecostés de los Hechos de los Apóstoles. Como en el valle de los huesos secos. ¡Vida y paz!

 

Naturaleza del movimiento pentecostal

Tenemos otra confirmación cuando examinamos la naturaleza y las características sobresalientes del movimiento pentecostal – recuerdo aquí la extensa investigación de Walter Hollenweger, mi profesor en la Universidad de Birmingham. Hollenweger identificaba cinco raíces fundamentales:

1) La raíz oral negra. Tengo una confirmación constante en mis visitas a las iglesias en el continente africano. La utilización como vía de comunicación – como en el cristianismo primitivo – de la cultura oral: no la definición sino la descripción; no el pensamiento sistemático sino la canción; no la tesis sino la danza. También ellos, como los cristianos primitivos, hacen teología adorando. Tienen una teología oral.

2) La raíz católica. Creen en los milagros; normalmente evolucionan hacia eclesiologías episcopales; creen en el libre albedrío (a diferencia de la teología reformada). En continuidad con la concepción de Wesley, la vida devota, la búsqueda de la santidad.

3) La raíz evangélica. En el árbol de la Reforma: la Escritura como autoridad suprema, la salvación por la gracia, el sacerdocio universal, el Despertar, la conversión personal, con raíces en el “movimiento de santidad” del siglo 19.

4) La raíz ecuménica: una espiritualidad ecuménica de base. Una experiencia, el bautismo en el Espíritu Santo, considerada idéntica, incluso si es vivida en contextos diferentes, de las personas evangélicas, católicas, protestantes, conservadoras o liberales. David Du Plessis ha dicho: “Los pentecostales no pueden ser considerados solo como el ala izquierda del protestantismo. Hay muchos elementos católicos en su historia y en su espiritualidad”. Interesante. Por primera vez surge un movimiento de base por la unidad entre evangélicos y católicos. La base de esta cercanía deriva de la experiencia común en el corazón de su espiritualidad. Y esto a pesar de las muchas teología interpretaciones la misma realidad.

5) La raíz “crítica” o “profética”. En la actualidad la crítica de un cristianismo nominal y tibio. La adhesión a las solicitudes de “renovación” (categoría católica) y de “despertar” (categoría evangélica). La crítica a la frialdad y a la pasividad.

 

Conclusión

Se podrían decir otras cosas, pero para el objetivo de este día diré que todo el movimiento pentecostal y carismático se presenta como una realidad que en su conjunto, y por las raíces históricas y espirituales comunes, tiene grandes afinidades.

 

Una propuesta para CHARIS

De aquí, nacería, me pongo audaz – espero se me permita – una propuesta para CHARIS. He escucha do muchas veces al Papa Francisco sobre la importancia crucial del encuentro, de la amistad, de partir de lo esencial, de caminar juntos, de promover el ecumenismo fundamental y el ecumenismo espiritual. Es exactamente el terreno sobre el que me he movido; del que podemos, con plena conciencia y fidelidad al fundamento común, comenzar legítimamente. ¡No sólo eso! Sino recorrer mucho camino juntos. ¡Somos hermanos! Estamos sobre el mismo fundamento de Cristo y de la Trinidad, de la pertenencia al mismo Cuerpo, incluso en la diversidad. Sobre este fundamento podemos recorrer mucho camino. Con “Cristo en el centro” rezar, alabar juntos, adorar. Leer y estudiar las Escrituras, evangelizar. Cultivar juntos “la vida en Cristo”, crecer hacia la madurez. Caminar juntos para disfrutar de la comunión fraterna, testimoniar nuestra unidad. ¿Una asociación mixta católico pentecostal? Ya hay experiencias. Un núcleo, quizá un modelo a copiar. ¿Pensáis que en esta dirección CHARIS pueda tomar la iniciativa? ¿Qué pueda promover esta visión?

 

Pastor Giovanni Traettino

Iglesia Evangélica de Reconciliación

Conferencia de Líderes, 7 de junio de 2019