¡Carismáticos hermanos míos!

Vosotros que amáis la oración y gustáis permanecer a la escucha del Señor, seguid atentos y vigilantes, tal cono nos lo recuerda tan claramente el Evangelio.

– para que la oración no aparezca nunca como una coartada de la acción apostólica y social;

– para no criticar a los que, sin olvidar la eternidad, recuerdan que la eternidad comienza aquí y ahora; a los que trabajan por ayudar a crear un mundo más justo y más humano ya en esta tierra;

– no aceptéis el catalogar con ligereza a los cristianos según se les ponga la etiqueta de “horizontalista” o de “verticalista”;

– no aceptéis que se persiga a vuestros hermanos cristianos y que se les trate como agentes subversivos y comunistas por el sólo hecho de que se unen, no para pisotear los derechos de los demás, sino para no permitir que se pisoteen sus propios derechos.

Por el contrario:

– ayudad a comprender y hacer comprender a vuestro alrededor, en tiempos de violencia generalizada, que la violencia número uno, la violencia madre de todas las violencias es, en verdad, en todo el tercer mundo, la miseria “institucionalizada”.

– ayudad a descubrir y a hacer descubrir dentro de los mismos países ricos las zonas negras de la miseria;

– ayudad a comprender y a hacer comprender que la única manera efectiva de evitar la violencia armada, es alentar y practicar la no-violencia activa y valiente y la presión moral liberadora;

– ayudad a denunciar siempre de manera pacífica pero valiente, la carrera de armamentos y, de manera particular, la proliferación de las armas nucleares;

– ayudad a denunciar la idolatría de la seguridad nacional, presentada por ciertos gobiernos como el valor supremo por encima de todo otro valor; ninguna democracia verdadera puede coexistir con esta idolatría, para la cual el fin justifica los medios, incluidos los secuestros, las torturas y los asesinatos;

– alentad en lo posible, de una manera personal y activa, estudios que ayuden a ver claramente las estructuras injustas tan poco conocidas, sabiendo que, sin una visión clara en esta materia, las presiones morales liberadoras seguirán siendo superficiales e ineficaces;

– apoyaos en la Renovación Carismática para ayudar a la Iglesia a despojarse cada vez más de las tentaciones triunfalistas, y a esforzarse por llegar a ser una presencia viva de Cristo al servicio de los hombres y de la gloria de Dios;

– ayudad a los cristianos polarizados en sus conflictos de tendencias a comprender:

– que oración y compromiso cristiano son una sola cosa;

– que un brazo horizontal, por sí solo, no llega a ser una cruz, como tampoco un brazo vertical es una cruz por sí solo.

– Y que es preciso unir los dos brazos para tener la cruz de Cristo, suma del amor de Dios y del amor de los hombres.

 

Mons. Helder Câmara

 

 

 

 

 

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