Treinta mil personas se reunieron en Bujumbura durante tres días de intercesión, alabanza y oración por su nación. Una poderosa experiencia de fe en la que la Iglesia de Burundi alzó una sola voz ante el Señor, pidiendo al Espíritu Santo que renueve los corazones, las familias y la vida del país.

Del 24 al 26 de septiembre de 2026, el Notre Dame du Perpétuel Secours Charitable Center de Bujumbura, Burundi, se convirtió en un intenso lugar de oración e intercesión.

Dirigida por Cyril John, Coordinador de la Comisión de Intercesión de CHARIS, la Conferencia de Intercesión reunió a cerca de 30.000 participantes, entre ellos 40 sacerdotes y más de 150 religiosas y seminaristas.

La Conferencia fue organizada por el Servicio Nacional de Comunión de CHARIS de Burundi, bajo el liderazgo del Coordinador Nacional Parfait Nzikwikiza, junto con el P. Felix Fupi, Director Espiritual Nacional, el P. Venuste Niyontore, Director Espiritual Arquidiocesano de Bujumbura, y su equipo.

Pero el camino espiritual ya había comenzado antes de la propia Conferencia.

Durante cuatro tardes, el pueblo se reunió en oración para la Marcha de Jericó, confiando al Señor Burundi y a su pueblo. Lo que comenzó como una preparación se convirtió gradualmente en un gran movimiento de intercesión: un pueblo unido ante Dios, creyendo que la oración puede abrir nuevos caminos allí donde las fuerzas humanas por sí solas no pueden llegar.

A lo largo de la Conferencia, las enseñanzas sobre la intercesión se alternaron con la alabanza y la adoración, las celebraciones eucarísticas, la Adoración al Santísimo Sacramento y la oración por una nueva efusión del Espíritu Santo.

En el corazón de estos días había una profunda convicción: interceder no significa simplemente pedir algo a Dios; significa ponerse en la brecha por los demás, escuchar el corazón de Dios y permitir que el Espíritu Santo transforme nuestra oración en servicio para la Iglesia y para el mundo.

La oración alcanzó su punto culminante el 26 de septiembre, cuando la asamblea participó en siete vueltas de la Marcha de Jericó en presencia del Santísimo Sacramento. Ante Jesús Eucaristía, miles de voces se convirtieron en una sola oración por Burundi.

El gobierno y sus dirigentes, la Iglesia, las familias, los jóvenes y las muchas necesidades presentes en el corazón del pueblo fueron confiados al Señor. Fue un momento en el que la oración personal se convirtió en la oración de todo un pueblo: un clamor de fe, esperanza y abandono que se elevó a Dios.

La celebración eucarística de clausura fue presidida por Mons. Salvator Niciteretse, Arzobispo de Bujumbura, llevando estos intensos días de oración nuevamente a su fuente y a su centro: Jesucristo.

Burundi fue testigo de algo sencillo y, al mismo tiempo, poderoso: cuando un pueblo se reúne en la fe, se arrodilla ante el Señor y se deja guiar por el Espíritu Santo, la intercesión se convierte en algo más que oración: se convierte en un acto profético de esperanza.

Las murallas pueden seguir ante nosotros, pero el pueblo de Dios continúa orando.

Y cuando la Iglesia intercede, el Espíritu Santo ya está actuando.

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