22 de mayo de 2021

 

¡Que felices de poder participar en esta vigilia global de Pentecostés!. El Señor ha preparado esta oportunidad para gozarnos en el espíritu Santo en su presencia y de esta alegría de Pentecostés.  

Cuando Pedro tuvo que explicar lo que estaba pasando en aquel momento trascendental para la historia de la iglesia, escogió el texto de Joel que decía: en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños. 

Trataba de explicar lo que Dios acababa de hacer al derramar el espíritu Santo y lo hace usando esta promesa de Joel. Que vendrían días de sueños, de visiones, de hechos verdaderamente extraordinarios y el Espíritu sería derramado sobre toda carne. Es muy interesante que aquellos primeros cristianos lo que más agarraron, lo que más tomaron lo que más les entusiasmó, fue aquellos hechos portentosos, las profecías, los milagros, las sanidades, las liberaciones. De alguna manera esta exuberancia de la presencia del Espíritu marcó aquel tiempo, pero  había quedado relegado algo que incluía la profecía desde el principio, que el Espíritu iba a ser derramado sobre toda carne.

Esta idea de un Espíritu sobre toda carne costó mucho que fuera aceptada por la iglesia, quizá lo aceptaban verbalmente, mentalmente, pero en la práctica cada vez se apoderaban más de esa obra del Espíritu y cada vez costaba más entender que el Espíritu había sido derramado sobre toda carne. La iglesia tuvo necesidad de reunirse allí, como aparece en Hechos Capítulo 15, en aquel primer Concilio de la iglesia, para ver qué hacían con aquellos que habían recibido al Espíritu fuera del ámbito de Israel. Lo mismo vemos en las cartas de Pablo pero también lo vemos en el día de hoy. 

Por los años 70 ́, otra vez el Espíritu se hace presente con toda fuerza a nivel global y hemos vivido las manifestaciones del Espíritu con cantos, con danzas, con profecías, con hablar en lengua y eso irrumpió en ese momento y marcó, marcó nuestras vidas en medio de una iglesia estructurada, en moldes, con paradigmas viejos, irrumpe el Espíritu Santo, rompe todo y nos trae gozo, alegría y celebración. Pero nos hemos olvidado que el Espíritu iba a ser derramado sobre toda carne, no sobre toda carne carismática: sobre toda carne!. 

Y creo que este es el desafío de Pentecostés para nuestro tiempo; yo creo que hoy más que hablar en lenguas, más que cantar, más que profetizar y que todo eso por supuesto tiene su valor, y esperamos que siga vigente, pero más que todo eso, tenemos que recuperar el Espíritu de Pentecostés sobre toda carne, lo cual significa los brazos abiertos de Dios que derriba toda barrera de discriminación,  de separación que viene a sanar y a subsanar toda grieta toda división en este tiempo que vivimos nuestras culturas divididas, llenas de barreras, barreras teológicas, barreras eclesiásticas, barreras sociales, barreras culturales; en este tiempo la manifestación más poderosa de Pentecostés debería ser un Espíritu que se derrama sobre toda carne.

Aquellos que queramos vivir hoy el Pentecostés deberíamos ser instrumentos de la paz de Dios de la reconciliación, del llamado a trabajar juntos y a vivir juntos, no podemos en nombre de la fe sembrar discordias, división, profundizar grietas, no es ese el tiempo, este es el  tiempo de un nuevo Pentecostés y en este nuevo Pentecostés la manifestación del Espíritu será un Espíritu que nos lleva a aceptar al otro, a comprender al otro, a abrir nuestras mentes y corazones y abrir nuestros brazos. 

Dios quiera que vivamos este Pentecostés, el Espíritu sigue derramándose sobre toda carne y queremos verlo que así suceda en este tiempo. Dios te bendiga sé un instrumento de paz y reconciliación.

 
 Norberto Saracco